LA TRANSFERENCIA DE LA BENDICIÓN FAMILIAR

PASTORA CARLA HORNUNG

 

Éxito. ¿Qué significa esa palabra para ti y cómo tú medirías si has alcanzado éxito para tu vida?

Hoy en día el mundo nos quiere dictar como definir el éxito en nuestras vidas con el nivel de estudios, trabajo, o posesiones que tenemos. Quiere que midamos nuestro éxito personal con “likes” y seguidores en las redes sociales. Pero, muchas personas que alcanzan ese supuesto “éxito” encuentran la verdad de qué ese éxito no llena de gozo y carece de sentido si nuestros hijos están en vicios, o no nos hablan o simplemente están muy lejos del plan de Dios para sus vidas. Nunca debemos permitir que otros definan nuestra meta de éxito, gozo y felicidad en la vida, al contrario, confiemos ese trabajo al mismo Dios que nos creó.

3 Juan 1:4 RV

No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad.

Jamás debemos sacrificar nuestro gozo verdadero, en el altar del éxito efímero. Al final de tu vida lo que te va a dar un sentido de éxito verdadero es haber criado hijos (o discípulos) en la Palabra, que amen a Dios y que te amen a ti, a los cuales puedas dejar una herencia de fe y de bendición. Eso vale más que todos los títulos, empresas y casas del mundo. Ahora, no estoy diciendo que esas cosas son malas, no, son bendiciones, pero las bendiciones materiales no deben ser prioridad. Tus prioridades deberían ser así: 1. Dios 2. Familia y todas las demás bendiciones serán una añadidura.

Como familias cristianas lo que nos debe de diferenciar de las familias no cristianas no es solo el hecho que asistimos una iglesia el domingo. No, eso es solo el comienzo. Nuestras prioridades familiares, nuestras palabras y nuestra cultura familiar deben ser radicalmente diferentes.

Muchas personas cuando entregan su vida a Dios y comienzan a caminar en la vida cristiana cambian muchos comportamientos externos y muchos pensamientos internos, pero cambian muy poco la forma en que forman a sus familias. Siguen criando sus hijos de acuerdo con la forma que fueron criados o de acuerdo con la última tendencia de la sicología moderna pero no de acuerdo con la Biblia. Luego nos preguntamos: ¿Por qué esta nueva generación de hijos de cristianos no quiere saber nada de Dios ni de su iglesia? Esto no es el plan de Dios para tu vida, prueba de eso son las muchas de promesas bíblicas dirigidas a “los hijos de los justos”.

 

Yo creo firmemente que Dios no solo escoge personas sino escoge familias y linajes que le aman y le sirven de todo corazón. Como escogió a Abraham, Isaac y Jacob, como escogió a Isaí, David y Salomón, como escogió Loira, Eunice y Timoteo.

 

Déjame contarles un poco sobre una familia muy especial, la mía, aunque de pequeña no la veía así. Crecí en una iglesia moderna, donde se ganaban personas nuevas que habían salido de vicios para convertirse en cristianos. De vez en cuando el pastor los invitaba a dar su testimonio: “yo salí de las drogas, Dios me rescató y ahora soy un hijo de Dios” “yo salí de una familia de generaciones de violencia doméstica y alcoholismo” “salí de una vida promiscua, y ahora me voy a guardar para mi esposa” todos aplaudíamos, pero al escuchar solamente esa clase de testimonios me hizo pensar que yo no tengo testimonio. (O, pero aún tengo que ir al mundo para hacerme un testimonio, cosa que una mentira diabólica peligrosa).

 

Yo nunca he pisado una discoteca, nunca fumé ni siquiera un cigarrillo, menos drogas, fui virgen hasta casarme ni siquiera uso malas palabras en momentos de dolor o presión. Pero recién después de años de pastorear y aconsejar personas viviendo consecuencias difíciles por malas decisiones en sus pasados, comencé a darme cuenta lo bendecida que realmente soy.

 

Crecí en una casa con mis tres hermanos y dos padres que tenían un matrimonio ejemplar, nunca se peleaban delante de nosotros. Tuve cuatro abuelos cristianos que oraban por mí siempre y me inspiraban a vivir una vida intachable. Mis abuelos paternos, que son unos misioneros internacionales, me inspiraron para servir a Dios. Una bisabuela materna que había sido pastora ahora asistía la iglesia con nosotros. Mis otros bisabuelos, una pareja, estaban cerca de batir el récord Guinness del matrimonio más duradero del mundo. Servían a Dios y a su iglesia, predicaban a sus vecinos hasta que él se murió a los 98 años, ella lo siguió 8 años después hasta los 104 años. Ella llegó conocer a mis cuatro hijos. Yo también conocí a su madre, mi tatarabuela, y mi padre conoció a su tatarabuela. Una de las bendiciones especiales que Dios nos ha dado como familia es poder estar las cinco generaciones vivas cuando nace la nueva generación. A todos nos echan menos de la edad que tenemos, aún yo que soy joven, las personas abren sus ojos bien grandes cuando les digo que tengo cuatro hijos.

 

Sí, somos saludables, longevos, bendecidos, nunca endeudados, siempre honrados en las comunidades donde vivimos así que no somos como otras familias, cuyos testimonios declaran la gracia de Dios. Nuestro testimonio declara la fidelidad de Dios a los que le honren. Nuestro testimonio declara que las promesas de Dios son verdaderas y que la bendición de Dios es más poderosa que la maldición del enemigo.

 

Estos y muchos más son los beneficios que hemos experimento como familia por servir a Dios de generación en generación. La Palabra dice que Dios hace diferencia entre los que le sirven y los que no le sirven. También dice que la maldición pasa hasta la tercera o cuarta generación, pero la bendición pasa a ¡mil generaciones! A veces a hacemos alarde al poder de las maldiciones generacionales, pero estoy aquí para testificar desde la experiencia que las bendiciones generacionales de Dios son más reales, más poderosas y duraderas que cualquier maldición.

 

Las bendiciones son palpables en mi familia, y las cuento para traer gloria a Dios y dar esperanza a ustedes porque estas promesas son para todos los que desean reclamarlas.

 

¿Cómo hacemos para levantar no solo hijos sino generaciones que amen a Dios? ¿Qué hacemos que nos hace resaltar entre las demás familias? Ponemos muchos principios bíblicos en práctica, que no son comunes entre los cristianos modernos. Hoy mocionemos solo dos.

 

  1. LA TRANSFERENCIA DE BENDICIÓN POR FÉ

 

Hebreos 11:20 NVI

Por la fe Isaac bendijo a Jacob y a Esaú, previendo lo que les esperaba en el futuro.

 

Aunque vemos muchos ejemplos de padres y madres bendiciendo a sus hijos en la Biblia, me pareció muy interesante que de todo lo que hizo Isaac a lo largo de su vida, el acto que demostró más fe, el acto que le ganó un puesto entre los héroes de la fe fue transferir una bendición sobre sus hijos.

 

Proverbios 18:21 NVI

En la lengua hay poder de vida y muerte; quienes la aman comerán de su fruto.

 

En nuestra boca, tenemos el poder de hablar vida, declarar bendición, decretar las promesas de Dios sobre nuestros hijos, pero ese acto requiere fe. Ahora no estoy diciendo que le vas a tratar de declarar que carrera va a estudiar o con que persona se va a casar, no, eso se llama manipulación no bendición. Pero hay muchas promesas de Dios que aplican a todo hijo de Dios.

Por ejemplo, de salud, Jesús pagó por toda enfermedad y toda dolencia, entonces declaro que mis hijos serán saludables siempre, que no tendrán ni enfermedades ni dolor crónicos. Y tengo la fe que así será.

Declaro que caminarán siempre en el centro de la voluntad de Dios para sus vidas y nunca se desviarán de ella. Que usarán todos sus dones para el reino.

Basado en Salmo 37:25 NVI que dice: “He sido joven y ahora soy viejo, pero nunca he visto justos en la miseria, ni que sus hijos mendiguen pan”. Declaro que, como hijos de justos, jamás les va a faltar provisión para sus necesidades.

Basado en Juan 11, (La parábola del buen pastor) que mis hijos como ovejas de su prado oyen la voz de Dios, reconocen la voz de Dios y la siguen.

Declaro que encontrarán buenos cónyuges con los cuales formarán matrimonios que durarán toda la vida, que dentro de sus matrimonios tendrán muchos hijos y que todos sus descendientes servirán al Señor.

Eso y muchas cosas más declaramos sobre nuestros hijos. ¿En qué momento? La Biblia no específica el cuándo entonces tenemos libertad. Los judíos lo hacen al caer el sol sobre el día de reposo. Mi papá nos bendecía antes de salir para el colegio y yo bendigo mis hijos antes de dormir. Lo planeaba hacer una vez por semana, pero a mis hijos les gusta tanto que me lo piden todas las noches antes de que yo les ponga a dormir. Porque el corazón de cada hijo anhela la bendición de los padres.

Aparte de Isaac, Jacob, Abraham, Noe, Lea, Ana y muchos otros que por fe transfirieron bendiciones a sus hijos. Jesús también tomó un tiempo de un día muy ajetreado para bendecir la vida de algunos niños dejándonos una lección clara que aún bajo la gracia, vale la pena tomar un tiempo para bendecir a nuestros hijos.

Esto de bendecir a nuestros hijos por fe, es interesante porque, aunque podría sustentarlo con muchos versículos, no forma parte de la cultura de la mayoría de las casas de cristianos modernos.

Esto me lleva al segundo punto. Tenemos que ser muy intencionales en formar una:

 

CULTURA FAMILIAR CRISTANA.

 

  1. La cultura familiar ¿Qué es la cultura familiar?

¿Qué es una cultura? Es un conjunto de modos de vivir, costumbres, conocimientos e historia compartida de un grupo social.

Toda familia tiene su propia cultura y cada hogar es un pequeño centro cultural donde uno aprende el idioma, los costumbres, la comida los valores y hasta la cosmovisión familiar. Lo que pretendo con esta charla es que seas consciente de tú cultura familiar y la moldees de forma intencional. Si tienes una cultura familiar fuerte, para bien o para mal, probablemente va a ser el factor más influyente en las vidas de tus hijos. Entonces trabajemos para que sea el mejor.

Primeramente, hay que establecer nuestros valores como familia. Una vez hecho esto, cuenta historias familiares a tus hijos y nietos que refuercen los valores. Cuando hablo de historias estoy hablando de historias de la vida real tuyas o de tus padres, abuelos, etc. Para que la nueva generación se conecte con la antigua, tiene la nueva que conocer a la antigua.

 

¿Cómo nosotros podemos conectar la nueva generación se puede con la antigua?

  1. Historias Familiares

El Antiguo Testamento es una colección de historias familiares pasadas de Abraham a Isaac, de Isaac a Jacob, de Jacob a Levi, de Levi a Coat, de Coat a Amram, de Amram a Moisés y Moisés los puso por escrito cuando escribió Genesis. Y esas historias tienen muchísima influencia hoy en la cultura familiar judía.

Muchos cristianos no prestan mucha atención a la formación de cultura de su casa, entonces en vez de ser formadores intencionales de una cultura bíblica, son formadores involuntarios de una cultura de los que les rodea.

Hay muchas cosas muy de moda, pero muy dañinas en la cultura de moda de hoy como la identidad de género que tenemos que desarraigar de nuestra cultura familiar. Hay cosas que hacen otras familias cristianas que no está bien. Debemos basar nuestra cultura sobre principios bíblicos, poniendo a Dios primero en todo.

Debemos ser ejemplos en todo lo que queremos formar porque finalmente nuestro ejemplo termina siendo el sermón más grande de nuestras vidas.

En la Biblia hay un pasaje interesante sobre una familia con una cultura familiar muy fuerte. La nación de Israel donde vivían se había alejado y olvidado completamente de Dios, pero había una familia que no seguían los valores torcidos de la cultura en qué se encontraban, sino que seguían fielmente a Dios. Les presento a los recabitas. Encontramos su historia en

 

Jeremías 35:2, 6-10 & 19 NTV

2«Ve al asentamiento donde habitan las familias de los recabitas e invítalos al templo del Señor. Llévalos a una de las habitaciones interiores y ofréceles algo de vino»….

  1. Pero no aceptaron. «No —dijeron—, no bebemos vino porque nuestro antepasado Jonadab, hijo de Recab, nos ordenó: “Nunca beban vino ni ustedes ni sus descendientes. 7 Tampoco edifiquen casas, ni planten cultivos, ni viñedos, sino que siempre vivan en carpas. Si ustedes obedecen estos mandamientos vivirán largas y buenas vidas en la tierra”. 8 Así que le hemos obedecido en todas estas cosas. Nunca hemos bebido vino hasta el día de hoy, ni tampoco nuestras esposas, ni nuestros hijos, ni nuestras hijas. 9 No hemos construido casas ni hemos sido dueños de viñedos o granjas, ni sembramos campos. 10 Hemos vivido en carpas y hemos obedecido por completo los mandamientos de Jonadab, nuestro antepasado….

 

Aquí encontramos una familia, que era un remanente de fidelidad en una Jerusalén con una “bancarrota” total de valores. ¿Cuál era su secreto para mantenerse en fiel a los principios? Primeramente, en una época antes de que los apellidos fuesen relevantes, todos se identificaban como descendientes de Jonadab de Recab y se auto dominaban Recabitas. Tenían un nombre y se veían como un grupo apartado. Tenían una cultura que se traducía en costumbres, hábitos y valores muy diferentes a los de los vecinos. Los vecinos vivían en casas de ladrillos y trabajaban la tierra, los recabitas vivían en carpas y cuidaban rebaños. Los vecinos adoraban a ídolos, ellos adoraban a Dios. Los vecinos se emborrachaban, ellos ni tocaban vino.

 

Otro secreto de su unidad era la forma en que enseñaban a sus hijos a seguir el camino correcto. Ellos utilizaban el NOSOTROS como parte de su cultura: “NOSOTROS SOMOS recabitas, por lo tanto, no hemos tomado vino, hemos vivido en carpas, no hemos construido casas. Si lo hacemos viviremos largas y buenas vidas en la tierra.” Es lo opuesto a la forma en que muchos papás crían a sus hijos hoy en día, con la conjugación imperativo. Dicen “Nunca fumes drogas, te prohíbo que tengas relaciones antes de casarte. Si lo haces, te va a ir mal y te vas a enfermar y te vas a morir.” Es decir, no es nosotros sino tu.

 

Como dice el viejo refrán “basta que le prohíbas algo a tus hijos para que le provoque”. Entonces, nuestra estrategia no debe ser de prohibiciones, exclusiones y maldiciones sino de invitaciones, inclusiones y bendiciones. Por ejemplo: “Nosotros somos los Cabrera, y nosotros no fumamos, somos una familia que honra el matrimonio así que no tendremos relaciones sexuales fuera de él y por eso seremos bendecidos.” Ya no es una prohibición, es una invitación a formar parte del club prestigioso y exclusivo de la familia y disfrutar de sus beneficios.

Nuestros hijos sobre todo en la adolescencia tienen una necesidad muy grande de un sentir pertenencia en un grupo. Si esa necesidad no está siendo suplida en casa, van a buscar en clubes, camarillas, (cliques) fraternidades o hasta pandillas para llenar esa necesidad y luego será ese grupo quien dicte la cultura y valores que ellos van a seguir. Tenemos que ver formas de incluir siempre a cada hijo en el grupo de la familia y nunca permitir que nadie en palabra o hecho haga que un hijo nuestro no se sienta parte de nuestra casa. Nada de bromas de ovejas negras, ni hijos pródigos. Hay que reforzarlos, aun cuando el joven se halla portado mal, que este triste, debe saber que habrá consecuencias pero que su comportamiento no cambie su identidad de pertenencia.

(Por ejemplo, en vez de decir eres un malcriado, un mal portado, decirle: ¿por qué hiciste eso si TÚ ERES un joven honesto? Sus pensamientos ya no serán, si pues, tiene razón, no sirvo para nada, al contrario, pensará “oye, verdad, ¿para qué hice esto? Si ya tengo todo lo que necesito)

Esta familia de los Recabitas fue intencional en pasar una cultura que honraba a Dios de generación en generación. Como consecuencia por hacerlo mira lo que dice el versículo 19.

V.19. Por lo tanto, esto dice el Señor de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel: “Jonadab, hijo de Recab, siempre tendrá descendientes que me sirvan”»

Dios los bendijo y los bendijo con lo que más deseaban: poder seguir levantando generaciones que sirvan a Dios para siempre. Es mi deseo despertar un anhelo en ti de tener familias multigeneracionales que aman y sirvan a Dios, darte las claves para poder hacerlo. No importa si eres primera o segunda generación de cristianos, tú también puedes dejar un legado de gracia, favor y bendición para tus futuras generaciones.